
Un estudio bíblico sobre la higuera, las hojas y el fruto que Dios espera de nosotros
Textos principales: Marcos 11:12-14, 20-21; Lucas 13:6-9.
Introducción
Uno de los episodios más llamativos del ministerio de Jesús es cuando maldijo una higuera que tenía hojas, pero no tenía fruto.
A primera vista, el relato puede parecer extraño. Marcos incluso aclara que “no era tiempo de higos”. Entonces, ¿por qué Jesús buscó fruto? ¿Por qué maldijo la higuera? ¿Qué significado tiene este acontecimiento?
Para comprenderlo correctamente, debemos mirar el relato dentro de su contexto y compararlo con otros pasajes donde la higuera es utilizada como una figura espiritual.
La enseñanza principal no consiste simplemente en un árbol que se secó. La higuera se convierte en una señal visible de una realidad espiritual: Dios no busca solamente apariencia externa; Dios busca fruto.
1. El relato de la higuera
Marcos nos dice:
Marcos 11:12-13
“Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos.”
Jesús vio la higuera “de lejos”.
Lo primero que llamó su atención fueron sus hojas.
Una higuera con hojas podía dar la impresión de que estaba en condiciones de producir fruto. Sin embargo, cuando Jesús se acercó, encontró solamente hojas.
Entonces dijo:
Marcos 11:14
“Nunca jamás coma nadie fruto de ti.”
Al día siguiente, los discípulos encontraron la higuera completamente seca:
Marcos 11:20
“Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.”
Pedro recordó las palabras de Jesús:
Marcos 11:21
“Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.”
El detalle “desde las raíces” es importante. El problema no era solamente lo que se veía exteriormente. La acción de Jesús apuntaba a una realidad espiritual más profunda.
2. ¿Qué representa la higuera?
La Biblia utiliza en varias ocasiones la imagen de la higuera para hablar de Israel y de su condición espiritual.
Por ejemplo:
Oseas 9:10
“Como uvas en el desierto hallé a Israel; como la fruta temprana de la higuera en su principio vi a vuestros padres…”
También encontramos:
Jeremías 8:13
“No hay higos en la higuera, y se ha marchitado la hoja…”
Por eso, dentro del contexto de Marcos 11, la higuera puede entenderse como una representación de Israel y de su condición espiritual delante de Dios.
Jesús estaba mostrando mediante una acción visible una verdad espiritual: había una apariencia externa de religiosidad, pero faltaba el fruto que Dios esperaba.
Esto también nos deja una aplicación para la vida del creyente.
No debemos leer este pasaje solamente preguntando:
“¿Qué le pasó a aquella higuera?”
También debemos preguntarnos:
¿Qué encuentra Dios cuando examina nuestra vida?
3. ¿Qué representan las hojas?
Las hojas eran visibles.
El fruto no.
Esta es una de las enseñanzas centrales del pasaje.
Las hojas pueden representar la apariencia externa.
Una persona puede tener muchas expresiones externas de religión:
- asistir a la iglesia;
- cantar;
- orar;
- predicar;
- conocer la Biblia;
- participar en un ministerio;
- hablar constantemente de Dios.
Todas estas cosas pueden ser buenas, pero ninguna de ellas garantiza por sí sola una vida transformada.
Jesús enseñó:
Mateo 7:16
“Por sus frutos los conoceréis.”
Observe la diferencia:
No dijo: “Por sus hojas los conoceréis”.
Dijo:
“Por sus frutos los conoceréis.”
La apariencia puede llamar la atención de los hombres, pero el fruto revela la realidad de una vida.
4. Las hojas sin fruto: apariencia espiritual
La higuera tenía una apariencia que podía hacer pensar que estaba produciendo.
Pero cuando Jesús se acercó, descubrió que no era así.
Esto puede suceder espiritualmente.
Una persona puede tener apariencia de fortaleza mientras interiormente está debilitada.
Puede tener conocimiento bíblico sin obediencia.
Puede tener palabras correctas sin una vida correcta.
Puede tener ministerio sin carácter.
Puede tener actividad religiosa sin comunión con Dios.
Por eso la pregunta que debemos hacernos no es solamente:
¿Qué estoy mostrando?
Sino:
¿Qué estoy produciendo?
Pablo escribió:
Colosenses 1:10
“…para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra…”
La vida cristiana debe producir resultados visibles.
5. ¿Qué fruto busca Dios?
La Biblia habla claramente del fruto que debe producir una persona que vive bajo la dirección del Espíritu Santo.
Gálatas 5:22-23
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza…”
Este fruto no consiste simplemente en emociones religiosas.
Se manifiesta en la manera en que vivimos.
Amor
Amar incluso cuando no resulta fácil.
Gozo
Tener una esperanza que no depende exclusivamente de las circunstancias.
Paz
Confiar en Dios aun en medio de las dificultades.
Paciencia
Aprender a esperar y soportar sin abandonar la fe.
Benignidad y bondad
Tratar a otros con misericordia y hacer el bien.
Fe
Permanecer confiando en Dios.
Mansedumbre
Tener dominio sobre nuestra reacción y no responder siempre con ira.
Templanza
Ejercer dominio propio sobre nuestros deseos y acciones.
Este es el tipo de fruto que debe comenzar a aparecer en la vida de una persona que permanece en Cristo.
6. La parábola de la higuera estéril
Lucas 13 presenta una enseñanza muy relacionada con este tema.
Jesús dijo:
Lucas 13:6
“Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló.”
El dueño esperaba fruto.
No lo encontró.
Y dijo:
Lucas 13:7
“He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala…”
Aquí encontramos un principio importante:
Dios espera fruto de aquello que ha plantado y cuidado.
La higuera no estaba abandonada.
Tenía un lugar donde crecer.
Había recibido cuidado.
Sin embargo, seguía sin producir.
Pero el viñador intercedió:
Lucas 13:8
“Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone.”
Esto nos muestra la paciencia y misericordia de Dios.
Dios da oportunidades.
Dios trata con nosotros.
Dios nos corrige.
Dios nos permite comenzar nuevamente.
Pero la oportunidad tiene un propósito:
producir fruto.
7. La paciencia de Dios no debe confundirse con aprobación
A veces podemos pensar:
“Como Dios todavía no me ha juzgado, entonces todo está bien.”
Pero Lucas 13 nos enseña algo diferente.
El dueño estaba esperando fruto.
La paciencia del viñador no significaba que la esterilidad fuera aceptable.
Significaba que todavía había oportunidad para cambiar.
Pedro escribió:
2 Pedro 3:9
“…es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”
La paciencia de Dios tiene un propósito.
Dios nos da tiempo para arrepentirnos y producir fruto.
Por eso, si Dios está tratando con nuestra vida, no debemos endurecer nuestro corazón.
8. ¿Por qué Jesús maldijo la higuera?
La acción de Jesús fue una señal profética relacionada con la condición espiritual de Israel.
En los capítulos que rodean este relato encontramos a Jesús entrando en Jerusalén y confrontando la corrupción existente en el templo.
Marcos coloca estos acontecimientos juntos de manera significativa.
La higuera tenía hojas, pero no fruto.
El templo tenía actividad religiosa, pero Jesús encontró corrupción.
Esto nos ayuda a comprender la enseñanza:
Dios no se conforma con una religión externa cuando falta obediencia interna.
El problema no era simplemente que faltara fruto en un árbol.
La higuera estaba representando una realidad espiritual.
9. El problema estaba en las raíces
Marcos dice que la higuera:
“se había secado desde las raíces.”
La raíz representa aquello que no siempre podemos ver.
Una persona puede intentar corregir solamente sus acciones externas, pero Dios quiere trabajar desde el interior.
Jesús dijo:
Juan 15:5
“El que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto…”
Aquí está la clave:
El fruto comienza en la raíz.
No podemos producir verdadero fruto espiritual separados de Cristo.
Por eso, el objetivo no es simplemente “hacer más cosas cristianas”.
El objetivo es permanecer en Cristo.
Cuando la raíz está conectada con Cristo, el fruto comienza a manifestarse.
10. ¿Cómo podemos saber si estamos dando fruto?
Podemos examinarnos a la luz de la Palabra de Dios.
Preguntémonos:
¿Estoy creciendo en amor?
¿Estoy aprendiendo a perdonar?
¿Estoy obedeciendo la Palabra de Dios?
¿Estoy creciendo en paciencia?
¿Hay dominio propio en mi vida?
¿Estoy tratando a los demás con misericordia?
¿Mi carácter está siendo transformado?
¿Las personas pueden ver a Cristo en mi manera de vivir?
Pablo dijo:
2 Corintios 13:5
“Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe…”
El examen no debe ser solamente hacia los demás.
También debemos permitir que Dios examine nuestro corazón.
11. No se trata solamente de tener hojas
Las hojas no eran necesariamente malas.
El problema era que había hojas y no había fruto.
La apariencia externa no era suficiente.
De la misma manera, asistir a una iglesia no es suficiente.
Conocer versículos no es suficiente.
Tener un ministerio no es suficiente.
Decir “Señor, Señor” no es suficiente.
Jesús enseñó:
Mateo 7:21
“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre…”
La verdadera fe debe producir una vida que corresponda con lo que creemos.
12. ¿Qué quiere Dios encontrar en nosotros?
Dios quiere encontrar una vida que produzca fruto.
Jesús dijo:
Juan 15:8
“En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.”
Observe el propósito:
El fruto glorifica al Padre.
Cuando una persona cambia, cuando aprende a amar, cuando perdona, cuando sirve, cuando vive en santidad y cuando permanece firme en Cristo, Dios es glorificado.
Por eso el fruto no es para presumir delante de los demás.
El fruto es evidencia de la obra de Dios en nosotros y sirve para glorificarlo.
Conclusión
La higuera de Marcos 11 nos deja una enseñanza seria:
Jesús no se quedó mirando las hojas. Se acercó a buscar fruto.
Los hombres pueden quedarse con nuestra apariencia.
Pero Dios conoce nuestra realidad.
Podemos tener muchas hojas:
religión, conocimiento, palabras, actividades y ministerio.
Pero Dios busca algo más profundo:
fruto.
Lucas 13 nos muestra que Dios es paciente.
El viñador dijo:
“Déjala todavía este año…”
Eso habla de misericordia.
Habla de oportunidad.
Habla de que Dios todavía trabaja con nosotros.
Pero también nos recuerda que la oportunidad tiene un propósito:
“Y si diere fruto, bien…”
Por eso, la pregunta final no debe ser:
¿Cuántas hojas tengo?
La pregunta debe ser:
¿QUÉ FRUTO ESTÁ PRODUCIENDO MI VIDA?
Si permanecemos en Cristo, Él puede transformar nuestras raíces y producir en nosotros el fruto que agrada a Dios.
Juan 15:5:
“El que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto…”
No vivamos solamente de apariencia.
No nos conformemos con tener hojas.
Permanezcamos en Cristo y produzcamos fruto para la gloria de Dios.
Amén.
